La Historia de tu Vida

Mi historia de aborto por Sarah Mae

mayo 17, 2016
Pin It

Smae

Por Sarah Mae

Yo tenía 16 años.

Me dieron un nuevo nombre y luego me drogaron. No me gustaba el catéter intravenoso. Mi papá sostenía mi mano pero comencé a ponerme muy nerviosa. Aumentaron la dosis de mi medicina y me llevaron sobre ruedas. Tenía tanto frío que me dieron una manta. Hice una cuenta regresiva desde 100…99…98…

Fin.

El fin de la vida de mi primer bebe.

Siempre fue incómodo para mí cuando estaba embarazada de mi primogénito, porque la gente preguntaba: “¿Es tu primer bebé?”  Odiaba esa pregunta. No sabía cómo contestar.

“Eh, no, yo maté al primero, este será mi segundo.” Eso no funcionaría. “El primero está en el cielo.” Eso tampoco funcionaría, la gente pensaría que lo perdí. Terminé diciendo, “Es el primero que tendremos con mi esposo.”

Han pasado 19 años desde que tuve mi aborto. A pesar que he sido perdonada y liberada de las ataduras en las que una vez estuve, las memorias de ese tiempo en mi vida y de esa decisión fatal todavía me duelen muy profundamente cuando las recuerdo.

Nunca olvidaré cuando llamé a mi papá para contarle que estaba embarazada. Él fue tan condescendiente y cariñoso conmigo. De igual manera, nunca olvidaré las palabras que salieron de boca de mi abuela cuando le conté lo mismo, “Yo me encargaré de eso.”

“¿Qué? No, yo me quedaré con él bebé.”

Tres meses después ella se había encargado de “eso”.

Los tres meses que estuve embarazada cuando tenía 16 años fueron probablemente los tres meses más difíciles de mi vida. Estuve muy enferma, me sentía muy sola y estaba siendo lanzada en direcciones para las cuales no estaba preparada. Todos tenían una solución para “mi problema,” pero nadie quería escuchar la mía. Yo quería quedarme con él bebe…al comienzo. Pensé que podría casarme y comenzar una familia. Luego de hablar con otras personas y que me dijeran como me iba a perder de cosas tan importantes si tenía un bebe, como la fiesta de graduación, pensé que sería mejor si diera él bebe a alguien que no pudiera tener hijos. No, a la gente tampoco le gusto esa idea. Durante ese tiempo, mi mamá se desconectó totalmente de la situación. Prácticamente se volvió insensible ante todo lo que ocurría. Ella estaba lidiando con sus propios demonios y no podía manejar los míos. Mi papá, un padre maravilloso, había decidido que el aborto era probablemente la mejor opción. No pienso que eso era lo que realmente él creía, pero ya tenía sus propias presiones. Una persona en mi vida incluso quería al bebe para ellos, pero yo no hubiera resistido a esa persona criando a mi bebe. ¿Mencioné que mi abuela, a quien yo consideraba mi “mejor amiga,” dejó de hablarme durante todo este tiempo? Ni siquiera se atrevía a mirarme. La gota final fue cuando mi otra abuela vino a visitarme. Ella me convenció que realizarme un aborto era realmente la mejor decisión. Me habló muy cariñosamente y me mostró amor. A ese punto yo estaba tan desesperada por cualquier señal de que podía ser amada, que en ese momento y en ese lugar estuve de acuerdo que tendría un aborto.

Fui a ver al Doctor que realizaría el aborto. Tuvo el descaro de decirme, “sólo los necios cometen dos veces el mismo error.” Él se veía tan sabio… me pregunto cuántos mismos errores él habría cometido en toda su vida.

La noche anterior al “procedimiento” le pedí al bebé que me perdonara. Me agarré el vientre y lloré.

El día llegó y mi papá me acompaño al hospital. Si, el hospital. No la clínica local de abortos. El doctor pensó que me iría mejor en un hospital donde pudiera ser completamente drogada hasta quedar inconsciente. Incluso me cambiaron el nombre para que no quedara registro de que tuve un aborto… tenía una familia bastante prominente. Esa tarde yo no tuve un aborto, Sandy Charles lo tuvo. Sandy Charles rindió su esperanza ese día… Sandy Charles dejo que le pusieran una aguja en su brazo, drogas en sus venas, y un asesino en su dominio privado. Sandy Charles ofreció su bebe a una masacre.

Dormí por dos días. Cuando desperté estaba en casa de mi abuela, la que no me dirigía la palabra antes, pero ahora me estaba sirviendo tostadas con una sonrisa. Me había mudado con ella…era mejor de esa manera. Me comí las tostadas. Nunca se habló nada acerca de mi aborto. Era un nuevo día. Era como si nunca hubiera sucedido.

*********

Era mi último año de universidad. Lagrimas rodaban por mis mejillas mientras caí de rodillas llorando, clamándole al Señor, “¡¿Qué me pasa?! Estoy en el fondo y ya no puedo ir más abajo. Por favor ayúdame.” La oscuridad se deslizó sobre mi espíritu y me dejó agotada. Mis ojos se iban apagando y mis huesos escasamente sostenían mi carne. Me encontraba en el hoyo de la desesperación.

Yo puse mi esperanza en el Señor,
y él inclinó su oído y escuchó mi clamor;”

*********

Yo quería ser consejera y necesitaba un poco de experiencia para mi hoja de vida. Sabia de un pequeño lugar como a dos bloques  de mi apartamento donde me podrían dar una pasantía. Mientras leía la solicitud, una de las preguntas me impacto, “¿Qué sabe acerca del aborto?” Pensé para mí misma, “nada… eeee… mejor me consigo un libro al respecto.” Si, así era mi desapego. Encontré un libro llamado Duelo Prohibido: El dolor no expresado del aborto (Forbidden Grief, The Unspoken Pain of Abortion) y me dirigí a leerlo para poder contestar la pregunta de la solicitud. Me fui a una pequeña cafetería, me senté en una silla bien cómoda con mi cuaderno y bolígrafo en mano lista para tomar notas. Sin embargo, ese día la tinta no lleno el papel, mis lágrimas lo hicieron. Me vine a enfrentar cara a cara con mi dolor oculto.

”Me sacó del hoyo de la desesperación,
me rescató del cieno pantanoso”

Regrese al pequeño lugar a dos bloques de mi apartamento. Era justamente una clínica de crisis de embarazo. También era justamente un lugar donde había una mujer maravillosa, amable, dulce y amorosa quien daba consejería post-aborto. Le dije, “Creo que el Señor quiere que trate con mi aborto.” Ella me tomo bajo sus alas mientras hicimos el estudio bíblico Perdonada y Liberada (Forgiven and Set Free). Ella me ofreció un lugar seguro para expresar todas mis emociones sin vergüenza – negación, ira, depresión… (Sí, yo era un ejemplo perfecto de las etapas de duelo). Fui capaz de admitir mi pecado, llorar mi perdida, y aceptar perdón y gracia. Finalmente, sentí que mis pies estaban plantándose en algo… alguien real.

“y plantó mis pies sobre una roca;
¡me hizo caminar con paso firme!”

Ya puedo abrazar mujeres. ¡Ja! Sé que suena gracioso, pero esa fue una de las formas en que fui sanada. Parte de mi dolor incluía desconfianza hacia las mujeres y si alguna trataba de abrazarme, incluso alguna amiga, yo me ponía rígida. Yo había levantado muchas paredes. Ahora, si alguna vez nos encontramos por favor dame un abrazo bien fuerte y veras como me derrito. Ahora también soy capaz de ver comerciales pro-vida sin tener que salir de la habitación. Puedo sonreír cuando veo niños pequeños en lugar de quebrantarme. Puedo dedicarme de lleno a mis propios hijos sabiendo que está bien disfrutarlos y que Dios no me va a castigar por mí pecado del aborto – Jesucristo ya tomó ese castigo por mí en la cruz.  Soy libre. Y ¿sabes que más? Puedo contar mi historia. Estoy cubierta de gracia y protección… Soy amada y perdonada. La vergüenza que una vez cargué se encuentra al pie de la cruz; Satanás no tiene poder sobre mí. Dios es el único que tiene la autoridad para decirme quien soy… y yo soy suya.

“Puso en mis labios un nuevo canto,
un canto de alabanza a nuestro Dios.
Muchos vieron esto y temieron,
y pusieron su esperanza en el Señor.”

Salmos 40: 1-3

Como algún tipo de añadidura, quisiera compartirte una cosa hermosa y profunda que Dios hizo por mí. Una de las cosas que realmente quería saber era el sexo de mi bebe para poder darle un nombre. El Señor me dio un sueño. En mi sueño, un niño de cabellos rubios y ojos azules, de aproximadamente siete u ocho años de edad estaba abrazándome y me decía que todo estaba bien. Yo continuaba diciéndole que lo sentía, pero el solamente seguía diciendo que estaba bien y que él me vería de nuevo algún día. Su nombre era David.

“El sana a los quebrantados de corazón,
Y venda sus heridas.”
Salmos 147:3

SaraMaeSarah Mae escribe en su blog para alentar a las mujeres que se sigan la carrera de la vida y que tengan nuevos comienzos. Sarah es autora de los libros (en inglés) Desperate: Hope for the Mom Who Needs to Breathe, Longing for Paris: One Women’s Search for Joy, Beauty, and Adventure – Right Where She Is y Having a Martha Home the Mary Way.

Sara vive son su esposo y tres hijos en Tennessee. Ella ama a Dios y lo sirve a través de sus escritos y conferencias que imparte.

Related Posts with Thumbnails

Comments

comments

You Might Also Like

No Comments

Leave a Reply