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¿Quien me dijo que para ser una buena madre tenía que tener hijos perfectos?

agosto 22, 2015
Mi éi
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Desde que me di cuenta que iba a ser madre, la alegría y emoción me impulsó a aprender y leer todo lo que podía sobre crianza, hijos, familia, etc. Yo misma crecí en un hogar seguro, lleno de amor y aceptación, y más importante, lleno de temor a Dios. Con esta pauta, yo estaba entusiasmada y optimista sobre mi rol como madre.

Todavía no sé qué sucedió.
Pero mi plan de ser una madre excepcional se comenzó a desvanecer cuando mis hijos comenzaron a crecer. Definitivamente, mis intenciones estaban muy lejos de tratar mal a mis hijos por mis propias frustraciones como madre. Pero en algún punto, entré en un ciclo vicioso de reaccionar mal ante las pequeñas infracciones de mis hijos, lo cual causaba que ellos se asustarán y provocaba malas actitudes en ellos, lo cual me provocaba más a mí, lo cual causaba que se portarán peor, lo cual causaba que me provocaran más……..y la historia, tristemente, seguía viciosamente así.
Claro, teníamos muchos buenos días. Ellos son muy divertidos y por supuesto que los disfrutaba. Yo me esforzaba bastante en compartirle sobre Dios y Su Palabra. Ellos absorbían mucho y en efecto miraba fruto en ellos. Verlos crecer no solo físicamente, sino emocional y espiritualmente era de gran ánimo para mí. Yo misma me seguía capacitando en cómo ser buena madre. Constantemente era confrontada por libros que leía o cursos que tomaba de este tema. Esto me ayudó enormemente, de hecho, tal vez fue lo que Dios usó para no perder mi cabeza por completo. Éstos me ayudaban mucho, me amonestaban y conmovían mi corazón, pero solo era cuestión que mis hijos tocaran ciertos botones para provocarme, y salía el monstruo en mi. Esto me daba mucho, mucho miedo. A ellos también. A mi esposo también.
Yo me encontraba preguntándome muy a menudo, ‘¿¿¿Cuándo van a aprender???’ o ‘¿¿¿Nunca van a cambiar???’
Tampoco sé que sucedió.
Quizás fueron tanto las oraciones mías como las de mi esposo, pero ya teniendo 4 hijos, Dios comenzó a llevarme por una trayectoria larga pero muy pautada para enseñarme cuál era el problema con la crianza de mis hijos:
YO
Yo y una idea errónea que tenía en mi cabeza: que mi éxito o fracaso como madre y como persona se medía en el comportamiento de mis hijos.
¡Falso! Descubrir esta mentira fue el comienzo de una maravillosa libertad mental que tanto necesitaba. Yo estaba tan preocupada por mi YO, que me había olvidado del verdadero objetivo: Criar y entrenar hijos temerosos de Dios, que amaran y sirvieran al prójimo.

¿La verdad? Mi éxito o fracaso como madre y persona se mide en cómo reacciono al comportamiento de mis hijos.

Enojada. Impaciente. Furiosa. Desesperada. Frustrada. Decepcionada. Fría.

¡Ouch! Estaba muy fracasada, lo admito con vergüenza. ¡Pero la verdad nos hace libres! Prefiero vivir en verdad y libertad que con mentiras y fracaso. Hoy con mis 5 hijos, disfrutamos nuestros días al máximo. Ellos tiene una mamá que no está preocupada por si está siendo buena madre o no, sino que está mayormente preocupada por sus corazoncitos, sus mentes y su bienestar espiritual.

Cariñosa. Gentil. Paciente. Dulce. Interesada. Alegre. Sonriente. Entusiasmada. Amorosa.

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
Gálatas 5:22, 23

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