Aug 11

Cuando estaba soltera, me acostumbre, por necesidad, a hacer todo yo sola. Desde hacer cosas sencillas como estar pendiente de lavar mi ropa, a tener suma responsabilidad de mis finanzas, hasta cargar cosas pesadas, etc.

Cuando me casé, todo el peso que yo solía llevar por los últimos 4 años no solo se partió en dos para poderlo compartir con mi marido, sino que él tomó la responsabilidad de hacer cosas realmente difíciles de hacer para una mujer. De la misma forma, yo tomé responsabilidades que para él eran dificultosas o no tan amenas. Es una bendición compartir mi vida – y responsabilidades – con alguien más.

Pero al pasar de los años, es bien fácil olvidarse de esas bendiciones. Especialmente si nos desenfocamos y comenzamos a meditar y pensar solo en las cosas negativas de nuestro conyugue.

Hace un tiempo, mi esposo y yo tomamos unas vacaciones en crucero. La noche antes de partir, él se dobló y lastimó el tobillo jugando futbol. El pobre casi no se podía mover, muchos menos estar caminando. Así que me tocó empacar las maletas yo sola, la de él, la mía y las de los niños, porque ellos se quedaban donde los abuelos.

La mañana del viaje, me tocó halar las mentadas maletas al carro (vivimos en un complejo de apartamentos donde el carro nos queda a unos metros de distancia). También me tocó hacer todo el trámite de las maletas en la portuaria. En un instante me recordé que todo eso yo lo hice sola por años, sin pensar dos veces que alguien más lo podía hacer por mí. Pero al hacer todo esto, y tener a mi esposo al lado sin poder ayudarme, me recordó de la gran bendición que tengo de tenerlo en mi vida – y contar con su ayuda en cosas simples como halar maletas.

Mi reto diario es poder ver las cosas buenas que mi marido aporta a mi vida, y pasar por alto cualquier ofensa. Algo que me ayuda es estar bien pendiente de como yo puedo aportar a su vida. Esto me da mucha más satisfacción que cualquier aportación que él hace a la mía. Como resultado, compartimos un matrimonio de mucha satisfacción para ambos.

Realmente dos son mejores que uno, siempre y cuando mantengamos el enfoque correcto de gratitud y servicio hacia la otra persona.

Foto por  John Fraissinet

Jan 25

1. Escoge ser dulce. Cierto, las cargas del día, de la familia y del futuro pueden ser pesadas. Los problemas vienen en diferentes tamaños y colores. Pero tu reacción es lo que hace la diferencia. Es tu decisión. ¿Te enojarás? ¿Te frustrarás? ¿Le echarás la culpa? ¡Escoge el amor en forma de dulzura! Veras cuan pequeño cambio traerá gran diferencia en tu relación matrimonial (tus hijos también te lo agradecerán).

2. Ofrece, siempre, tu mejor trato. Aunque no se lo merezca. La realidad de la vida es que cuando nosotras fallamos  - y fallamos grande – tampoco queremos mal trato de nadie. Si tu esposo te falla, y tú respondes con mal trato, ya sea con palabras o actitudes, comenzaras un ciclo dañino para el matrimonio. Porque él responderá al maltrato, probablemente, en una forma desagradable. Y tú a cambio,  reaccionaras aun más fuerte. Y el ciclo continúa. Ante la tentación de mal tratar, o vengarte, haz una pausa. Déjaselo a Dios. Y sin esperar nada bueno a cambio, trátalo bien.

Algo que a mí me ayuda es recordar que todo lo que hago lo debo hacer para el Señor. Incluyendo el trato a mi esposo. Dios se merece lo mejor de mí, y así quiero tratar a mi esposo.

3. Busca razones para estar agradecida. No falta ver la noticia por un par de minutos para abrumar nuestro día. Problemas políticos, delincuencia, violencia, los hijos, las cuentas… y la lista continua. Cuando vives tus días con estas cargas, es difícil darle lo mejor de ti a tu marido.

Si cada día buscas por lo menos una razón por la cual estar agradecida y meditas en ello todo el día, tu actitud cambiará. Tu rostro lo demostrará. Tus reacciones serán diferentes. Serás alguien agradable.  A tu esposo le gustara estar contigo (y otras personas también).  

4. Practica andar gozosa todo el día. No hay nada más frustrante que despertarse a una esposa y madre que está molesta y regañando a todos. En cambio, empieza tu día con una sonrisa en el rostro, aunque el día no lo amerite. Sonríele a tu esposo. Sonríele a tus hijos. Busca las sonrisas de ellos. Mantén esta práctica hasta el final del día. Haciendo esto dibujara una sonrisa en el rostro de nuestro Padre en los cielos.

Foto por ermiorn
Jun 25

Foto por miroslavgeorgijevic.

 Este artículo fue escrito por mi invitada especial, Angie de Garcia. Puedes encontrar más artículos por Angie en su blog HAY ESPERANZA.

Respetar—la clave de Mi felicidad

“…cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.” Efesios 5:33

El matrimonio es un regalo de Dios, es Su diseño y obra de arte. En Su sabiduría, El estableció las responsabilidades y derechos para cada miembro—conociendo El perfectamente cuáles son nuestras necesidades:

• Esposo—amar a su esposa.
• Esposa—respetar y sujetarse a su esposo.

Nosotras como mujeres tenemos la necesidad de ser amadas, y la necesidad del esposo es ser respetado. A una esposa se le hace fácil sujetarse y respetar a un hombre que la ama, al igual, para un hombre es fácil amar a una mujer que lo respeta. Cuando respetamos a nuestros esposos aligeramos la carga de nuestro matrimonio.

Muchas podemos conocer los principios y estar convencidas de que eso es lo que debemos de hacer, pero la pregunta del siglo es: ¿cómo lo hago? ¿qué pasa si no me siento amada por mi esposo? El darle respeto a tu esposo no depende de sí el lo merece o se lo ha ganado, depende del hecho de que es un mandamiento de Dios, y en ese caso lo cumplimos por FE.

Uno de mis ejemplos más claros en esta área es mi mamá. Ella nos enseñó de que mi papá era la cabeza del hogar, y que cuando él tomaba una decisión, la teníamos que seguir—siendo ella la primera en hacerlo. Nunca lo cuestionó enfrente de nadie, aún cuando él se equivocaba…¡Digno ejemplo a seguir!

Puedo pensar en maneras prácticas de respetar a nuestros esposos:

No querer usurpar su lugar como cabeza del hogar. Talvez no lo hacemos de forma deliberada o planeada, pero muchas veces queremos tomar el control o las riendas del hogar cuando vemos que nuestros esposos no hacen “lo que tienen que hacer”. Nuestro llamado es ser ayuda idónea de nuestro esposo, así que Dios espera que yo lo apoye, lo anime y le ayude en su desempeño como cabeza del hogar.
No cuestionarlo ni ridiculizarlo en público. Si lo que está diciendo no nos parece o sabemos de que es incorrecto, esperar estar a solas con él y decírselo con todo el debido respeto.
No hablar mal de él con NADIE. Debemos guardar la integridad de nuestros esposos enfrente de los demás. Si él está fallando en algo, lo correcto es decírselo a él, y si no nos escucha, lo que debemos de hacer es orar y tener una buena actitud hacia él.
Ser responsables con lo que nos delegan. No dejar de último en nuestra lista de “quehaceres” lo que nos han pedido—todo lo contrario, debería de ser lo primero en nuestra lista.
Ser consideradas con sus necesidades. Para empezar, debemos de averiguar cuáles son las necesidades de nuestros esposos, y lo más recomendable es ¡preguntarles a ellos!. Sus necesidades pueden variar desde descansar, recrearse, hacer deportes, necesidades en el área sexual, etc. Aquí el punto no sólo es saber su necesidad, sino que buscar satisfacerla.
No usar el sexo para manipular a nuestros esposos. Ya sea que lo usemos para obtener algo que queremos o que se los neguemos porque estamos molestas y no los queremos “premiar”. Creo que esta es una de las peores cosas que podemos hacer como esposas, ya que denigramos a nuestros esposos y los herimos. El sexo fue creado por Dios como una bendición para el matrimonio, donde “ya no son dos, sino uno”—usemos el sexo para la Honra y Gloria de Dios.

El respeto trae mucha paz y armonía al matrimonio, y nuestros hijos nos lo agradecerán.

Pueden haber muchas cosas más que podemos hacer para respetar a nuestros esposos, pero quiero agregar una cosita más que lo aprendí en una despedida de soltera de una buena amiga. La persona que hizo la reflexión esa noche se enfocó en el aspecto de “admirar” a nuestros esposos. El respeto va mucho más allá de hacer lo que me pida, o el no cuestionarlo; para un hombre es bien importante saber de que es admirado y valorado por su esposa. Es una buena práctica expresarles lo mucho que los admiramos, y el por qué lo hacemos.

Enfoquémonos en las cosas buenas que tienen nuestros esposos, digámoselas y halaguémoslos en público…y luego sólo cosechemos la dicha y la bendición de sentirnos amadas por ellos.

“La mujer sabia edifica su casa; la necia, con sus manos la destruye” Proverbios 14:1

Jun 9

Esta es un recuento cómico de lo que muchas veces nos sucede en diferentes versiones.

-¡Ay! compadre -contestó el interpelado- ¡tu comadre! ¡Tu comadre! Esta noche la mato o la suicido, pero de que se muere, se muere.
-No la amueles compadre, mejor platícame ¿porqué la quieres matar?, a lo mejor te puedo ayudar a encontrar una mejor solución al problema.
El compadre, después de limpiarse sus ojos todos llorosos y su nariz moquienta, empezó con su relato.
-Mira compadre, tú sabes que somos muy pobres y en tu humilde casa la única forma de acompañar los frijoles es con un pedazo de carne que tengo que conseguir yendo de cacería al monte. Me tengo que ir con mi vieja escopeta, pasar varios días de sufrimiento y penalidades, salvándome de milagro de los peligros del monte; esquivando víboras, al tigre y la onza; soportar la terrible comezón que me producen las guiñas, garrapatas y piquetes de moscos; y por si esto fuera poco, aguantar cómo me cala hasta los huesos el frío y la soledad de las noches. Luego, por fin, si la suerte me socorre y logro cazar un venado, todavía tengo que cargarlo hasta el rancho y subir la cuesta de la loma hasta donde está mi casa.
Todavía no alcanzo resuello, cuando aparece mi señora con el cuchillo en la mano e inmediatamente empieza a repartir el venado entre vecinos y familiares. Que una pierna pa’ doña Juana, que otra pa’ doña Cleo, que este lomito pa’ mi mamá, que esto pa’llá, que esto pa’cá y a los dos o tres días allí va tu tonto otra vez de cacería. ¡Pero ya me cansé y esta noche mínimo las desmechoneo!

El compadre de aquél iracundo desdichado, después de meditar un momento le dio la solución:
-Invita a tu mujer a cargar el venado.

-¿¡Qué!?
-Sí, sí. Mira. Nomás no le digas las de Caín que te pones para cargar el venado. Mejor píntasela bonito. No le hables de las espinas ni los peligros, ni del frío ni el calor. Dile que la invitas a la cacería para que disfrute de los bellos paisajes, del esplendor de las estrellas que te cobijan en la noche, de los manantiales cristalinos que reflejarían románticamente sus imágenes, de sus exquisitas aguas, del aire fresco del monte, lleno de oxígeno, de la graciosa manera en que camina el venado como si fuera un bailarín de ballet, el dulce canto de los grillos y los pajarillos silvestres, en fin.

El compadre siguió el consejo. Por supuesto que la convenció. La mujer entusiasmada, se fue con la falda larga hasta el tobillo. Al cruzar el primer “aguamal” se redujo a minifalda porque la prenda quedó desgarrada entre las púas. La blusa le quedó toda “chiruda”. El calzado se le rompió por los difíciles caminos y las piedras y las espinas la hicieron sangrar. Las “guinas” y “guachaporis” los traía por todo el cuerpo. El sol le quemó la piel. El pelo se le maltrató: le quedó tieso y desparramado como estropajo. Las manos le quedaron encallecidas al abrirse paso entre el espeso monte. Toda chamagosa, estuvo a punto de sufrir un infarto al toparse con una enorme víbora. Muerta de hambre, su imagen parecía sacada de un cuento de ultratumba.
Por fin y después de tantos martirios, un día encontraron al venado. Ella tuvo que contener el aliento y el hombre sigiloso, con la astucia y agilidad de un gato, se acercó a su presa y con la mirada de un lince localizó el blanco justo para liquidar al escurridizo animal y… ¡Bang! Y el venado había muerto. La mujer no cabía de júbilo pensando que su sufrimiento había terminado, pero no era así.

-Ahora mi amor, quiero que cargues el venado para que veas lo bonito que se siente -le dijo el hombre masticando rabiosamente cada una de sus palabras-.

La mujer casi se desmaya ante la desconocida mirada asesina de su marido, pero ante la desesperación por regresar a su hogar, no tuvo aliento ni para replicar y cargó el venado hasta su casa cruzando veredas y montañas. Despatolada, con las piernas abiertas, jadeando y casi muerta, a punto de tronarle el corazón, llegó y depositó el animal en la sala de su casa. Los niños y sus amiguitos, hijos de los vecinos, salieron a recibir a sus papás cazadores y acostumbrados a la repartición, le dijeron a su mamá con alegría:
-Mamá, apúrate a repartir el venado porque la mamá de Pepito ya está desesperada.
-¿Qué pedazo le llevo a mi tía?, le dijo otro.
La señora, tirada en el piso, hizo un esfuerzo sobrehumano para levantar la cabeza y con los ojos inyectados de sangre volteó a ver a los niños y agarrando aire hasta por las orejas, les gritó:

-Este venado no me lo toca nadie y tú Pepito, ve y dile a tu mamá que si quiere comer venado, ¡que vaya a cazarlo…!

REFLEXIÓN:
Para valorar el esfuerzo ajeno y respetar en su real dimensión el trabajo de los demás, todos debemos aprender a “cargar el venado”.
La experiencia adquirida con el paso de los años nos ha enseñado que sólo se valora aquello que se ha adquirido como resultado de nuestro trabajo, y que sólo “cuidamos aquello que nos ha costado esfuerzo, sudor y sacrificio”.

 

Foto por donnaidh_sidhe

May 13

plant growing

Cada esposa posee una influencia poderosa en su esposo. No importa como sea el, que hace o que no hace, nosotras las esposas tenemos la capacidad de hacer de el un gran hombre, o dañarlo y destruirlo. Con mucho cuidado y sabiduría, una esposa debe buscar como edificar a su esposo siempre. Todos los días. Aprovechando cada oportunidad.

El nos va a fallar. Tal vez fracase en algo. A veces hará las cosas a medias. Actuara como que si no conociera la Biblia. Se meterá en problemas. Y definitivamente herirá nuestros sentimientos. Pero es en estos momentos donde nuestra reacción definirá si le vamos ayudar a triunfar o fracasar.

Esta lista la adapte de Doug’s Blog, escrita por Camilla Brown. Camilla es conocida por sus sabias palabras que alientan a las amas de casa pero enfurecen y provocan a las mujeres con agenda femenista. Si tienes tiempo, te invito a que lo leas aquí (esta en ingles).

1. NO trates a tu esposo como a uno de tus hijos. Es bien fácil encontrarlo haciendo algo de una forma distinta a la tuya, especialmente en la casa. Pero esto no merece irrespeto. De lo contrario, tu trato a él debe ser con sumo respeto, como cabeza de tu hogar.

2. NO te creas más espiritual que el. Es cierto que las mujeres somos las que andamos en reuniones de oración, estudios bíblicos, y tenemos todos los libros de devocional que podemos comprar. Esto no quiere decir que él no tiene una relación especial con Dios. Compártele lo que Dios te esta enseñado. Resiste decirle lo que tú crees que Dios quiere que el haga.

3. NO hables sobre él y NO hables más que él cuando estas con otras personas.  Sinceramente, esto se ve feo. Para las que tienen esposos callados, sean aun más calladas Uds. Esto es honroso.

4. NO te quejas de él con otras personas. Como esposa, tú le conoces todos sus defectos y debilidades. Esto no es razón para compartirlos con otros.

5. NO lo compares con otros. El es único. ¡Por algo te enamoraste de él! Solo el puede hacer lo que Dios quiere que el haga. Otros hombres están cumpliendo otros propósitos. Deja que el tuyo cumpla el suyo.

6. NO murmures una y otra vez sobre el asunto mismo. Se sabia con tus palabras. Se paciente. Perdona.

7. NO lo hagas sentir como que si se queda corto a tus expectativas. No tengas expectativas y se contenta con todo lo bueno que él es y hace por ti.

8. NO tengas miedo de hacerle ver pecados los cuales el tiene que solucionar. No lo critiques. No lo rechaces. No te hagas la víctima. Una esposa es la persona ideal para ayudar a su esposo. Si tienes que buscar ayuda afuera del matrimonio, hazlo con su permiso, y hazlo únicamente por amor a él. Si tu intención es vengarte o hacerlo sentir mal, solo te estarás acarreando más problemas.

9. NO lo digas siempre lo primero que se te viene a la mente. Nuevamente, se sabia. Busca escucharlo, entenderlo y animarlo.

10. NO busques vivir una vida paralela a él. No te refieras a lo que hacen como “SU trabajo” y “MIS intereses”. Involúcrate lo mas que puedas en todo lo que él hace y lo que le gusta. Involúcralo en todo lo que tú haces, especialmente en la vida de tus hijos.

11. NO caigas en la trampa de estar muy ocupada para escucharlo o servirlo. La sociedad tiene demasiadas distracciones para la mujer hoy en día. No nos comprometamos hacer todo lo que está disponible. Nuestra prioridad debe ser nuestro esposo. Despues los hijos. Despues el hogar. Y hasta después, el resto de opciones.

12. NO descuides tu apariencia. Solo porque estas casada no quiere decir que el no merece lo mejor de ti. De lo contrario, busca aun más verte atractiva para él. Recuerda que el mejor adorno que te puedas poner es una sonrisa genuina.

Foto por ohnsch.de

Oct 23


Foto pr Patrick Q

Tal vez no sea la mujer mas hermosa. O la mas inteligente. O la mas poderosa. O la mas rica. O la mas elocuente. No importa, no creo que un sola mujer en esta tierra posee todas las cualidades que tanto admiramos o las características de las cuales nos afanamos tanto por conseguir. Unas nos cuestan mucho dinero. Otras nuestra reputación. Otras simplemente solo las alcanzaremos en nuestro sueños.

Pero el GOZO esta al alcance de toda mujer. Una mujer genuinamente gozosa, vale mucho mas que oro.
El esposo lo sabe, sus hijos lo buscan, las amigas lo admiran.

Busquemos ser mujeres gozosas, no importando las circumstancias.

Oct 13

 

 


Foto por eye of einstein

Mi hijo menor tiene solamente ocho meses. Aunque duerme toda la noche, es bien fiel en despertarse temprano. Lo usual es que me despierte para darle de comer entre 5:30am y 7:00am. Veinte minutos después, el se ha vuelto a dormir. Y es aquí donde entro en un gran dilema: ¿me vuelvo a acostar o empiezo mi día?

Como normalmente es demasiado temprano, me razonamiento me convence que tengo que acostarme otra vez. Toda mi familia está dormida, me desvele la noche anterior y ¡una mujer tan ocupada tiene que descansar bastante!

Pero hoy fue un día diferente. El se despertó a las 5:30am. Termino de comer a las 5:55am. Mi despertador no iba a sonar hasta las 7:30am. Una vez más, mi dilema. Pero esta vez, ¡decidí empezar mi día!

Con mi esposo hemos estado teniendo nuestro tiempo a solas con Dios [separados pero juntos] al mismo tiempo. Entonces para honrar este tiempo tan importante, lo dejé para cuando mi esposo se despertara. Tome un vaso con agua. Encendí mi computadora. Recogí y guarde todos los juguetes de la sala. Guardé todos los papeles que estaban en la mesa del comedor. Con mucho cuidado de no despertar a la familia, guarde toda la losa lavada. Me tome otro vaso con agua y me senté enfrente de mi computadora. Me puse al día con mis correos, y descargue una serie de libros [electrónicos] y mensajes que había comprado la noche anterior. ¡Wow! Ya había hecho lo que usualmente me toma toda la mañana hacer, ¡y solo eran las 6:45am! , el sol aun no había salido.

Le di gracias a Dios por haberme permitido empezar mi día tan productivamente. Interesantemente Dios me contesto al dirigirme a un artículo sobre la mujer virtuosa:

Se levanta aun de noche
Y da comida a su familia
Y ración a sus criadas
Proverbios 31:15

Sonó el despertador y yo estaba lista para salir a caminar. Le dije buenos días a mi esposo y le sugerí que se levantara hasta que yo regresara. Camine por 20 minutos, escuchando un mensaje [en mi mp3 player]. Regrese a mi casa las 7:50am, serví el desayuno que ya había dejado listo. Desayunamos juntos con mi esposo mientras nuestors hijos aun dormían y tuvimos nuestro devocional. Eran las 8:30am y mi hogar estaba en silencio, ordenado, y limpio. ¡Qué sentimiento de productividad!

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