Jul 19

Para tener éxito en cualquier aventura que emprendamos, tenemos que desarrollar  la capacidad de podernos enfocar bien en el trabajo a mano. Unas de las claves del enfoque es la concentración – cuando voluntariamente centramos toda nuestra atención en algo.  Por eso, parte de un buen enfoque es poder resistir la tentación de estar pensando o tratando de hacer varias de cosas al mismo tiempo.

Es bueno tener bien claro cuales son las prioridades de tu vida.  Esto te ayudará a saber qué cosas realmente necesitan toda tu atención.

Esta es una lista sugerida de áreas en la vida que requieren de enfoque total:

  • Tu trabajo.
  • Tiempo romántico, íntimo o exclusivo  con tu esposo.
  • Ciertos momentos con tus hijos. Como cuando les lees, juegas con ellos, los escuchas, etc.
  • La iglesia. Especialmente en el tiempo de adoración  y el mensaje.
  • La escuela/universidad.
  • Tu tiempo a solas con Dios.
  • Tiempo de comunión y hermandad con tus amistades.

No te olvides que las personas son los regalos más importantes que Dios nos ha dado. No te preocupes de todo el trabajo que tienes, lo que vas hacer por la noche, las tareas y exámenes, la próxima reunión social que asistirás o de cualquier otro problema. Dedícale toda tu atención a la persona que necesita de tu tiempo y atención en ese momento.

Foto por   !” † evil empire † “!
Jul 9

¿Qué es un hábito?

Creamos un hábito cuando hacemos algo repetidas veces, que después de un tiempo lo hacemos casi inconscientemente. En otras palabras, no tenemos que pensar mucho o planificar hacer tal acción. Un simple ejemplo es el lavarse las manos antes de comer. Nos enseñan a hacerlo desde temprano en la vida, que después de un tiempo lo hacemos sin pensarlo dos veces.

Hay todo tipo de hábitos. De higiene, mentales, de carácter y espirituales. Vale la pena mencionar que es más fácil y de gran beneficio fomentar buenos hábitos en la vida de nuestros hijos pequeños. Pero la formación de hábitos no de debe cesar. Valga la redundancia, es un buen habito estar formando nuevos hábitos periódicamente.

Algunos beneficios

Los hábitos son el marco de un buen carácter y de una vida llena de fruto y productividad. Los hábitos ponen una cerca protectiva alrededor de nuestras acciones. Y la mayor ventaja es que, si el hábito está bien arraigado en nuestras vidas, no tenemos que esforzarnos mucho o hacer grandes sacrificios para llevar a cabo tal acción. Por ejemplo, cuando alguien es dueño del hábito de la puntualidad, no tiene que hacer gran esfuerzo por llegar a tiempo a sus compromisos o luchar con todas las consecuencias que las personas que no son puntuales sufren.

Como se ha dicho,
“Siembra un acto y cosecharás un hábito;
siembra un hábito y cosecharás un carácter;
siembra un carácter y cosecharás un destino”
Como formar buenos hábitos
  1. Haz una lista de los hábitos que deseas formar en tu vida
  2. Escoge el primer hábito en el que trabajarás. Guarda la lista y úsala como referencia.
    1. Dedícale esfuerzo y energía al nuevo habito que quieres formar.
    2. Dedícale tiempo. Se dice que solo toma hacer algo por 28 días consecutivos para formarlo como habito.
    3.  Celebra y dale gracias a Dios cuando hayas formado un nuevo habito en tu vida.
    4. Táchalo de tu lista y continua con el siguiente habito.
    5. Ten cuidado de no desatender a tus buenos hábitos y así perderlos.

Esta es una lista de hábitos sugeridos por la educadora europea, Chartlotte Mason:

Foto por  jek in the box {is traveling} 

Jun 9

Cuando me convertí en madre y me vine a casa a criar a mis hijos, me encontré en una situación interesante: quería ser feliz, criar a mis hijos con gozo, quería hijos alegres y contentos, una casa limpia, comida sabrosa en la mesa y un ambiente de harmonía y paz; ¡pero no sabía cómo hacerlo todo y mucho menos hacerlo bien!

Aunque mi propia niñez está llena de buenos recuerdos de mis padres, mis hermanos y nuestro hogar (y por eso tenía cierta base para crear en mi hogar ese ambiente que yo tuve), algunas cosas eran diferentes. Por ejemplo, mi madre tuvo ayuda domestica (porque en el país donde vivíamos era común) aquí donde vivo es un lujo y yo soy responsable de toda la limpieza y organización. También a mi mama le sobraban las mujeres, jóvenes y solteras que, queriendo entrenarse ellas  mismas para ser algún día buenas esposas y madres, ofrecían de su tiempo para ayudarle en la cocina y con nosotros, los niños. Esto tampoco se da en la ciudad donde vivo, bastante se debe al ritmo acelerado de la vida.

¿Qué hacia? ¿Me olvidaba del sueño que Dios me había dado de crear un hogar que fuera el oasis de mi familia?  ¿oOptaría por lo que el resto hacía: niños en el daycare, yo trabajando fuera del hogar, pagándole a alguien que me limpie la casa, comprando toda mi comida preparada, etc.?

Realmente nunca he estado dispuesta a conformarme a lo que el mundo ofrece. Si Dios era Dios, y El estaba en su trono, y El ya me había dicho lo que quería de mí – como esposa, madre y ama de casa – entonces El tenia cosas mejores que yo aun no había visto o entendía. Tenía que creerle y tomar un día a la vez.

Todo comenzó con una visión. En mi mente visualice el tipo de esposa que quería ser – serena, espontanea, agradecida y  segura; el tipo de hijos que quería –gozos; el tipo de casa que quería – limpia y ordenada; el tipo de ambiente que quería – lleno de harmonía y paz.

Con ese cuadro en mente, comencé a pedirle a Dios ayuda en áreas específicas donde tenía que crecer o cambiar. También he estado alerta y pendiente de otras amas de casa a quienes admiro y sigo su ejemplo. De los cuatro años que tengo de ser madre, no puedo decir que tengo el hogar perfecto. De hecho, Dios me recuerda a menudo que nunca lo voy a tener. Pero sí tengo un hogar mucho mejor que hace 4 años. Y sigo aprendiendo. Mis días están llenos de satisfacción. Definitivamente tengo días pesados y frustrados, pero no los cambio por ninguna otra vida. No hay nada mejor que estar en mi hogar, floreciendo donde Dios me ha plantado.

No quiero perder mi vida en pos de lo terrenal o  temporal.  Por eso he escogido mi hogar. Me encanta este refrán antiguo,

“La obra más importante que tendrás que hacer será dentro de las paredes de tu propia casa.”

 

Foto por karenwithak
Jun 9

Esta es un recuento cómico de lo que muchas veces nos sucede en diferentes versiones.

-¡Ay! compadre -contestó el interpelado- ¡tu comadre! ¡Tu comadre! Esta noche la mato o la suicido, pero de que se muere, se muere.
-No la amueles compadre, mejor platícame ¿porqué la quieres matar?, a lo mejor te puedo ayudar a encontrar una mejor solución al problema.
El compadre, después de limpiarse sus ojos todos llorosos y su nariz moquienta, empezó con su relato.
-Mira compadre, tú sabes que somos muy pobres y en tu humilde casa la única forma de acompañar los frijoles es con un pedazo de carne que tengo que conseguir yendo de cacería al monte. Me tengo que ir con mi vieja escopeta, pasar varios días de sufrimiento y penalidades, salvándome de milagro de los peligros del monte; esquivando víboras, al tigre y la onza; soportar la terrible comezón que me producen las guiñas, garrapatas y piquetes de moscos; y por si esto fuera poco, aguantar cómo me cala hasta los huesos el frío y la soledad de las noches. Luego, por fin, si la suerte me socorre y logro cazar un venado, todavía tengo que cargarlo hasta el rancho y subir la cuesta de la loma hasta donde está mi casa.
Todavía no alcanzo resuello, cuando aparece mi señora con el cuchillo en la mano e inmediatamente empieza a repartir el venado entre vecinos y familiares. Que una pierna pa’ doña Juana, que otra pa’ doña Cleo, que este lomito pa’ mi mamá, que esto pa’llá, que esto pa’cá y a los dos o tres días allí va tu tonto otra vez de cacería. ¡Pero ya me cansé y esta noche mínimo las desmechoneo!

El compadre de aquél iracundo desdichado, después de meditar un momento le dio la solución:
-Invita a tu mujer a cargar el venado.

-¿¡Qué!?
-Sí, sí. Mira. Nomás no le digas las de Caín que te pones para cargar el venado. Mejor píntasela bonito. No le hables de las espinas ni los peligros, ni del frío ni el calor. Dile que la invitas a la cacería para que disfrute de los bellos paisajes, del esplendor de las estrellas que te cobijan en la noche, de los manantiales cristalinos que reflejarían románticamente sus imágenes, de sus exquisitas aguas, del aire fresco del monte, lleno de oxígeno, de la graciosa manera en que camina el venado como si fuera un bailarín de ballet, el dulce canto de los grillos y los pajarillos silvestres, en fin.

El compadre siguió el consejo. Por supuesto que la convenció. La mujer entusiasmada, se fue con la falda larga hasta el tobillo. Al cruzar el primer “aguamal” se redujo a minifalda porque la prenda quedó desgarrada entre las púas. La blusa le quedó toda “chiruda”. El calzado se le rompió por los difíciles caminos y las piedras y las espinas la hicieron sangrar. Las “guinas” y “guachaporis” los traía por todo el cuerpo. El sol le quemó la piel. El pelo se le maltrató: le quedó tieso y desparramado como estropajo. Las manos le quedaron encallecidas al abrirse paso entre el espeso monte. Toda chamagosa, estuvo a punto de sufrir un infarto al toparse con una enorme víbora. Muerta de hambre, su imagen parecía sacada de un cuento de ultratumba.
Por fin y después de tantos martirios, un día encontraron al venado. Ella tuvo que contener el aliento y el hombre sigiloso, con la astucia y agilidad de un gato, se acercó a su presa y con la mirada de un lince localizó el blanco justo para liquidar al escurridizo animal y… ¡Bang! Y el venado había muerto. La mujer no cabía de júbilo pensando que su sufrimiento había terminado, pero no era así.

-Ahora mi amor, quiero que cargues el venado para que veas lo bonito que se siente -le dijo el hombre masticando rabiosamente cada una de sus palabras-.

La mujer casi se desmaya ante la desconocida mirada asesina de su marido, pero ante la desesperación por regresar a su hogar, no tuvo aliento ni para replicar y cargó el venado hasta su casa cruzando veredas y montañas. Despatolada, con las piernas abiertas, jadeando y casi muerta, a punto de tronarle el corazón, llegó y depositó el animal en la sala de su casa. Los niños y sus amiguitos, hijos de los vecinos, salieron a recibir a sus papás cazadores y acostumbrados a la repartición, le dijeron a su mamá con alegría:
-Mamá, apúrate a repartir el venado porque la mamá de Pepito ya está desesperada.
-¿Qué pedazo le llevo a mi tía?, le dijo otro.
La señora, tirada en el piso, hizo un esfuerzo sobrehumano para levantar la cabeza y con los ojos inyectados de sangre volteó a ver a los niños y agarrando aire hasta por las orejas, les gritó:

-Este venado no me lo toca nadie y tú Pepito, ve y dile a tu mamá que si quiere comer venado, ¡que vaya a cazarlo…!

REFLEXIÓN:
Para valorar el esfuerzo ajeno y respetar en su real dimensión el trabajo de los demás, todos debemos aprender a “cargar el venado”.
La experiencia adquirida con el paso de los años nos ha enseñado que sólo se valora aquello que se ha adquirido como resultado de nuestro trabajo, y que sólo “cuidamos aquello que nos ha costado esfuerzo, sudor y sacrificio”.

 

Foto por donnaidh_sidhe

Mar 10

Foto por adreson

En varios lugares he encontrado esta frase tan poderosa:

“Tú eres la única mujer que puede ser la mejor esposa para tu marido; tú eres las única mujer que puede ser la mejor madre para tus hijos.”

Entonces me pregunto, ¿Por qué permitimos que nuestros maridos pasen tanto tiempo con otra gente? No digo que no lo vamos a dejar ir a trabajar. Me refiero a las instancias donde aprovechamos que él estará en casa para dejarle los niños y así nosotras poder salir. O no ofrecerle acompañarlo a reuniones importantes, de trabajo o con colegas. ¡A nuestros maridos les gusta que tomemos este tipo de iniciativa! PELIGRO: Si no estamos pasando una buena cantidad de tiempo a la semana con nuestros maridos, entonces otras personas definitivamente le están llenando sus necesidades, antes que nosotras.
OK. Esto suena obvio, ¿no?

Pero aquí se pone caliente la cosa…
También me pregunto, ¿Por qué les damos nuestros hijos a niñeras, maestras de kinder, day-cares, empleadas u otros familiares para que los cuiden? Solo yo puedo hacer este trabajo. Solo yo DEBO hacer esta tarea. Excusas he escuchado de todo tipo. Dinero. Carrera. Estudios. Mis padres. Mis amigos. Las cuentas. Las deudas. La economía. Unas un poco convincentes y otras bien ridículas y más que todo egoístas. La realidad es esta: Si Dios me dio un hijo, es mi deber criarlo. Esto significa que mi role como madre viene antes que cualquier otra carrera de desarrollo personal.

“!Pero esto era para otra época!” “!Las cosas han cambiado!” “No fui a la universidad para quedarme en casa cambiando pañales, lavando ropa, limpiando cocinas y baños.” Estas y más son reacciones usuales de madres que trabajan fuera del hogar. Este tema puede ser bien profundo, pero para efectos de este post, solo quiero recalcar el siguiente pasaje en Juan 12:26

“…Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”

Nuevamente, si Dios me dio hijos, El ESPERA que yo le obedezca y cuide y crie a mis hijos. Este es unos de los primeros servicios que Dios espera de mí. Toda obediencia debe ser pronta, con buena actitud y completa.

“Pero esto no le aplica a todas,” me dicen. “Muchas veces hay casos extremos en los que la madre tiene que trabajar fuera de la casa.” ¡Cierto! Dios usa a todo tipo de personas en todo tipo de situaciones. Mis preguntas a estas madres son las siguientes, ¿Qué hiciste para buscar intensamente el consejo de Dios? ¿Cómo te confirmo Dios que esta era su voluntad? ¿Qué resultados tendrá en tus hijos?

SECRETO 1: Hay un gozo y realización inexplicable al ser parte principal de la crianza de nuestros hijos. Todo el dinero del mundo no lo puede comprar. El mejor empleo no lo puede igualar. Ningún título universitario lo puede galardonar de una mejor manera. Y el fruto es eterno…en comparación a todo lo temporal que el mundo ofrece.

“OUCH…estos temas no me gustan. Los prefiero ignorar. Yo se lo que hago” Entiendo…
No pretendo hacer sentir mal a nadie que se encuentre en esta situación. Solo quiero fortalecer a las ya tomaron el paso de fe y están obedeciendo a Dios. También quiero animar a las que tienen la duda y están buscando respuestas.

SECRETO 2: Es horrible ser esclava del mundo corporativo. ¡Todas las promesas de gratificación son un engaño total! El Enemigo de La Familia se ha encargado de apuntar a la persona clave para desbaratar aun a las mejores familias: la esposa, la madre. Solo saliéndonos de esta “carrera de la rata” es que podremos ver las posibilidades. ¡Es un paraíso! Las recompensas y gratificación son inmediatas y eternas.

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