Bebés, Para Madres

En cámara lenta….

agosto 8, 2012
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Estos días siento que los he estado viviendo como en cámara lenta. Y no como en una escena romántica en cámara lenta, sino que todo lo quiero hacer lo hago con una gran lentitud. Y para empeorar la cosa, todo se me olvida. Al terminar el día, siento que no realice ni una fracción de todo lo que tenía que hacer. Hay mucha ropa que doblar, cuartos que ordenar, correspondencia a leer, correos electrónicos por contestar y ni digamos otros compromisos importantes que cumplir. Pero es natural, estoy en mis últimos meses de mi cuarto embarazo. Y si no fuera porque hace tiempo dejé que Dios tomará control de mis emociones (¡y reacciones!), me encontraría en un mar de frustración y enojo, porque pareciera que TODO queda fuera de mi control, por mi propia lentitud y olvido.

Pero aquí hay unas lecciones que he aprendido:

  • Darle prioridad a lo importante. Tal vez mis días no sean tan productivos como los de hace unos meses atrás, pero trato de hacer cada día lo necesario y básico. Leer mi Biblia. Leerle la Biblia a mis hijos. Pasar tiempo con mis hijos. Tomarme el tiempo necesario – y dejar de hacer algo más – para instruir y corregir a un hijo que lo necesite. Estar pendiente de las necesidades de mi esposo.
  • Estar en constante comunicación con Dios. He aprendido a orar en vez de quejarme conmigo misma. Yo no puedo hacer nada al respecto de mis propias frustraciones. Pero cuando me dirijo a Dios, El me calma, me da dirección y derrama su misericordia que tanto necesito.
  • Llenar las necesidades de mi esposo. Creo que es una gran tentación olvidar al marido en esta etapa, con las muy convincentes excusas que los niños necesitan más atención y tiempo, yo no tengo fuerzas, estoy muy atrasada con los quehaceres del hogar, etc. Pero el preguntarle a mi esposo cada día, “¿Qué quieres que haga hoy?” hace una gran diferencia. También le pregunto con frecuencia cómo está, tal vez haya algo que se me pase por desapercibido, gracias a mi mente olvidadiza.
  • Ser bien flexible. Sin faltar a ningún principio, trato de ser más abierta a otros métodos o formas de hacer las cosas con facilidad, aunque sean diferentes a como las prefiero hacer en general. Por ejemplo, prefiero no usar platos desechables, pero en estos días, es lo que me mantiene a flote en la cocina. Prefiero que mis hijos no coman cereal de caja, pero la realidad es que es lo más práctico y sencillo para una mañana empezada tarde.
  • Mantener expectativas realistas. Mi fuerte preferencia es mantener una rutina bien disciplinada con mis hijos cada mañana, una casa ordenada y limpia todos los días, suficiente tiempo para mi esposo, incluyendo el tiempo que él necesita para relajarse y distraerse. Pero con una gran barriga, poca energía y dolores en las piernas, espalda y vientre, se me hace imposible. Me ha costado ajustar mis expectativas, pero es una buena forma de crecer en carácter. Así que sin bajar la guardia ni caer en pereza o negligencia, trato de hacer lo mejor que puedo, esforzándome con agradecimiento a Dios y estar contenta con lo que sí logro hacer (y no ser tan pesada conmigo misma por no poder hacer más).

Esto ha estado en mi corazón estos últimos días, en los cuales estoy embarazada ansiosamente esperando y anticipando la venida de nuestro hijo. Le doy gracias a Dios por las diferentes etapas que las mujeres podemos disfrutar. Veo la poderosa mano de Dios en cada momento de mi embarazo, al darle vida a otro ser y me gozo de poder ser partícipe de este milagro tan hermoso.  No quiero perderme de todo lo que Dios me quiere enseñar en estos días. Quiero estar lista y atenta a su voz, a sus bondades y sus milagros.

No cambio estos días por nada en el mundo. De hecho, son muy especiales porque nuestra familia esta por cambiar una vez más, para gloria de Dios. 

foto por MakuKulden

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