Bebés, Niños, Para Madres

¡Quiero que me hijo me obedezca!

septiembre 3, 2008
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El entrenamiento no necesariamente requiere que el entrenado sea capaz de razonar; incluso se puede entrenar a ratones y ratas para que respondan a determinados estímulos. El entrenamiento meticuloso puede lograr que un perro llegue a ser perfectamente obediente. Si un perro lazarillo puede ser entrenado para conducir confiablemente a un ciego entre los obstáculos en la calle de una ciudad, ¿no deben los padres esperar mucho más de un niño inteligente? Se puede entrenar a un perro para que no toque un bocado codiciable que se ha colocado frente a él. ¿No se podrá entrenar a un niño para que no toque? Se puede entrenar a un perro para que venga, se siente, esté quieto, se calle o traiga un objeto, según la orden.

Quizá no hayas entrenado tan bien a tu perro, sin embargo, todos los días hay quien lo logra con los canes más tontos. Hasta un torpe adolescente puede ser entrenado como entrenador eficaz en una escuela de obediencia para perros. Si esperas hasta que tu perro manifieste una conducta inaceptable antes de reprenderlo (o patearlo), tendrás un can intimidado que andará siempre con la cola entre las patas, buscando qué maldad puede hacer antes de que le vuelvan a gritar. Cuando falta el entrenamiento, es tan inútil regañar y azotar a un niño para conseguir una conducta aceptable como lo sería con el perro.

Ninguna cantidad de disciplina puede compensar la falta de entrenamiento.

El entrenamiento adecuado siempre funciona en todos los niños.

Ser negligente con el entrenamiento es crear circunstancias lamentables para ti y para tu hijo. Muchos por ignorancia han omitido el entrenamiento, esperando que la disciplina por sí sola produzca una conducta correcta. No ha dado resultado.

(por Michael Pearl, Para Entrenar un Niño)
foto por alles-schlumpf

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