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Una Madre con Propósito

enero 16, 2012
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Naturalmente queremos cuidar y proteger a nuestros hijos, alimentándolos con comida nutritiva y proveyéndoles de abrigo y techo. También queremos proveerles de la mejor educación posible. Pero muchas veces, todo este trabajo, que es esencial, nos distrae de nuestro verdadero llamado que encontramos en Deuteronomio 6:4-9:

»Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es.

»Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas.

»Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes. Las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.

Mi meta con mis hijos no es solo de atravesar cada día haciendo las cosas que se tienen que hacer para que crezcan en un ambiente limpio, saludable e integral. Aunque definitivamente no es mi meta principal, todo esto viene a ser un resultado de mi verdadero objetivo.

Mi principal objetivo: hacer de mis hijos discípulos de Cristo, cada momento de cada día con cada uno de ellos. Dios me ha puesto en la posición especial y privilegiada de formar el carácter de Cristo en sus vidas. Esta es mi meta. Este es mi propósito de estar en casa con mis hijos.

¿Como puedes formar el carácter de Cristo en tus hijos?

Decide que sea una prioridad en tu vida. Esto significa que cuando se te presente algún conflicto que te impida o dificulte formar Cristo en sus vidas, podrás escoger sabiamente. Tendrás el valor y las fuerzas para decir NO ante cualquier situación, esto incluye actividades que no necesariamente son malas, pero que no aportan a formación de un carácter Cristo-centrico en sus vidas.

Que lo vean primero en ti. Todos salen ganando cuando vives como discípula de Cristo. Lee tu Biblia todos los días. Ora constantemente. Háblale a otros de Cristo. Sirve gozosamente en tu iglesia.

Dedícale mucho tiempo. Jesucristo dedicó 3 años enteros a sus discípulos. Y para nuestro alivio, El no usó de ningún programa ni curriculum. El simplemente vivió su fe ante sus discípulos. Lo que había aprendido del Padre, eso hacia, eso hablaba. ¡Este es nuestro modelo perfecto! No necesitas una programación especial con tus hijos, aunque hay muchos recursos que pueden enriquecer la experiencia. Pero lo que tus hijos realmente necesitan una EXPERIENCIA. Tu eres la persona ideal para darles esta experiencia. No desistas compartir con ellos sobre Cristo, Su creación, y sus principios.

Una Gran Esperanza

No olvides que aunque toma mucho tiempo, sacrificio y trabajo, los años son cortos y pasan muy rápido. Confía en la gracia y misericordia de Dios cada día. Y no olvides que lo que el hombre siembra eso cosecha. Un día, cuando menos lo esperes, tendrás hijos mayores y maduros. Seguros e independientes, seguirán dejando que Dios continúe en sus vidas el trabajo que tu comenzaste: formar el carácter de Cristo en sus vidas.

foto por Wilson X

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2 Comments

  • Reply Nohelia enero 16, 2012 at 3:10 pm

    Congratulations!!! It is a good thing y sobre todo algo para reflexionar diariamente en nuestras vidas como madre.

  • Reply Silvia de Turcios enero 29, 2012 at 4:57 pm

    Gracias por esta buenisima reflexion para las madres, solo tenemos que ser buena hijas de Dios y nuestros hijos podran aprender de lo que se sale no solo de nuestra boca si no mayormente de lo que hacemos.

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