La desilusión de un sueño es muy triste y dolorosa. Pero aún más duro es cuando alguien, o tu misma, destruye tus sueños.
José tuvo un sueño, se lo contó a sus hermanos y ellos lo odiaron todavía más. José les dijo:
—Oigan este sueño que tuve….Ahora sus hermanos lo odiaban aún más debido a sus sueños y lo que les decía. Después José tuvo otro sueño y también se lo contó a sus hermanos…
Cuando les contó esto a su papá y a sus hermanos, su papá lo regañó y le dijo:
—¿Qué clase de sueño es ese que tuviste? ¿Acaso es cierto que yo, tu mamá y tus hermanos vamos a postrarnos ante ti?
Sus hermanos estaban celosos de él, pero su papá pensaba mucho en este asunto…
Un día los hermanos salieron a apacentar los rebaños del papá…Los hermanos lo vieron venir desde muy lejos. Antes de que él llegara, hicieron un plan para matarlo. Se dijeron unos a otros:
—Miren, ¡aquí viene el de los sueños! Vamos matémoslo y arrojemos su cuerpo en uno de los pozos secos, luego diremos que lo devoró un animal salvaje. Así veremos si se le cumplen los sueños. Génesis 37:5-20
Muchos de los sueños nobles que guardamos en lo más profundo de nuestro interior han sido dados por Dios. Pero hemos sido entrenadas a no compartir este tipo de pensamientos con otros por temor al desprecio, rechazo y burla. Lo vemos claramente en la vida de José, en Génesis.
José tenía algo especial, ya que aunque sus 10 hermanos mayores, e incluso su papá, lo menospreciaban por sus sueños, él tenía cierta confianza en Dios que lo fortalecía. Es evidente que él escogió escuchar y creer en Dios que a su propia familia. De no ser así, no se hubiera mantenido con tanta integridad a pesar de su esclavitud y prisiones. Puedes leer todo el relato en Génesis 37-50.
Y tu, ¿estás soñando hoy? ¿qué deseos te ha puesto Dios en tu corazón? ¿qué te ha dicho? ¿qué te ha mostrado?
Enfoca tu mirada en el Dador de tus sueños y encuentra fortaleza en Él para llevarlos a cabo. Si Dios te ha dado un sueño, no dudes en disponer tu corazón y energías en ello.
Si has padecido de desilusión, recobra ánimo y créele a Dios una vez más. Persevera y confía en Dios. No escuches a voces de condenación, crítica y reproche. ¡No dejes que nadie destruya más tus sueños!
Si eres muy bendecida, busca a alguien que te ama y en quien puedes confiar, y comparte tus sueños. Ponlos en palabras y verás la fuerza que cobrarán.
¿Quieres ver tus sueños hechos realidad? ¡Sueña con Dios — con Él, nunca saldrás perdiendo!
Nota especial para esposas:
Querida esposa, tu esposo tiene sueños. ¿Los conoces? Si no, te quiero pedir que ores mucho por él y sus sueños. Luego ve a preguntarle, escucha y presta atención. No condenes, no rechaces y no le trates de “ayudarle a ver la realidad”. Los sueños no son realidad – aún – hasta que alguien los convierte en realidad. Se su fiel animadora y aguarda para que esos sueños que Dios le ha dado se cumplan.
Nota especial para madres:
Querida madre, Dios te ha puesto en una posición muy especial entre los sueños que Dios tiene para tus hijos y sus vidas. ¡Edifica esos sueños! Habla con palabras de poder, no de duda. Afirma verdades en sus vidas, no condenes. Cree en ellos y cree en todo lo que Dios puede hacer a través de sus talentos y habilidades. Ora por fortaleza y coraje. Anima sus corazones ante las momentáneas desilusiones y decepciones. Ayúdales a ver siempre la mano de Dios en sus vidas y las visiones que Dios tiene para ellos.
foto por Historias Visuales


